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Mi viaje

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Unos años atrás sufrí una crisis nerviosa. Un ataque de pánico. No ocurrió porque sí, fue el colapso de una situación gestada durante años. Toda mi vida incluso. Tensé demasiado el mecanismo y mi mente hizo crac.  El detonante fue una larga noche en mala compañía, alcohol y tabaco hasta bien entrada la mañana. Como tantos malos momentos de mi vida, la privación de sueño tuvo algo que ver. Pero hubo consecuencias positivas. No por la crisis nerviosa en sí, que fue un mal trago, sino porque a partir de ahí mi vida empezó a cambiar. Me puse a hacer cosas. A mejorar. Y probablemente no habría sucedido si aquella mañana, tras aquella larga noche, no me hubiese roto y dicho a mí mismo: “no puedo más”. Tanto mi familia como yo mismo entendimos que algo no iba bien. Yo sabía desde siempre que ocurría algo en mi mente, pero aquella mañana tuve, si se quiere, una constatación empírica. Dejé de romantizarlo, de verlo como un elemento de fondo en mi mundo. Paré de pensar que soy una persona triste